
A la hora de las brujas las verás
con el pelo suelto y sin peinar;
flotando en el aire más que andar,
llevando una vela para alumbrar.
Tan fría como la noche,
tan blanca como la luna
¿qué será sino una muerta
que vaga en la medianoche?
Todos se escondían,
nadie se acercaba,
miraban al cielo
por ver si volaban
sobre sus escobas
las brujas malvadas.
Y las pobres brujas,
que no tienen alas,
que no tienen gato,
ni están desdentadas,
¡ay! las pobres brujas,
tan desprestigiadas
por todos los cuentos
que escriben las Hadas,
al verse tan solas,
tan abandonadas,
como si estuvieran
todas embrujadas,
suspiran y dicen,
de muy mala gana:
“¡Niños, convertíos
en sapos y ranas!”
El otoño es la estación de las cosechas y es el tiempo de maduración de algunos frutos como las nueces, avellanas, almendras, castañas, etc., con los que la madre naturaleza sabiamente nos obsequia a fin de proveernos de cara al árido invierno.
Entonces comienza también el tiempo de Carlin, reina de las hadas del otoño. Aparece golpeando los campos con un bastón para endurecer el suelo, ante la proximidad de los fríos y con su paleta irisada, pinta las hojas de los árboles de color parduzco. 

