Hoy es

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sábado, 3 de octubre de 2009

SIRENAS, HADAS Y DUENDES. Poesía de Antonia Pérez García Campos

Hadas y duendes...con sirenas jugaban
por las aguas azules y blancas espumas.
Los duendes se esconden al ver a la luna,

en cambio las hadas besos regalaban
y en la arena traviesa un rayo de plata
se queda esperando a la bella sirena.



Los duendes la arrullan entre las rocas,
no quieren que a la arena vaya...

la embruja la luna con su luz de plata.

Juegan las hadas, se animan los duendes

por las verdes agua de la mar serena.



Dos... son ya las sirenas de largos cabellos y blancas escamas,
se las peina la brisa que habita en la bruma de la madrugada.

Se esconden los duendes detrás de las hadas,

en los anchos huecos de los acantilados.

Las sirenas juegan con las caracolas,

que dejaron las olas en la blanca arena.


viernes, 16 de enero de 2009

RENACER. Escrito por Mariana Alvez Guerra

"El relato que os muestro a continuación ha sido escrito por Mariana Alvez, de Uruguay, a la edad de 16 años. Entonces ya apuntaba maneras para convertirse en una gran escritora. Esta semana leía esta bonita historia en su blog "Siete Sirenas" . Me gustó tanto que le pedí permiso para publicarlo en éste, vuestro blog, ya que sois much@s los amantes de las sirenas que me visitáis. Espero que os guste tanto como a mi"


Sol cubrió sus desnudos hombros con su chal. Sus tiernas y desoladas lágrimas acariciaban su rostro con brutalidad, ya era hora, sabía que no podía esperar más. Armándose de valor se adentró en las tinieblas de la noche y corrió hacia la playa, corrió como jamás lo había hecho.
Un relámpago iluminó el oscuro cielo por unos breves segundos, suficientes para dejar caer su furiosa luz sobre el rostro acongojado de Sol. La joven observó la eterna inmensidad que se alzaba orgullosa sobre su cabeza y gritando con la voz ahogada se preguntaba por qué a él.
Ahí estaba. Finalmente había llegado al lugar tan temido y esperado, anhelado y repudiado. El mar se encontraba ante ella con toda su belleza y su peligro. Parecía llamarla, burlándose por haber vencido. El maldito le había arrebatado lo que ella en el mundo más había amado y no podía perdonarlo.
El frío castigaba su cuerpo, arrancándole varios escalofríos. Pero esa frialdad poco importaba ante el sentimiento de vacío que envenenaba su desdichado corazón. Tomó una pequeña piedra que yacía enterrada en la arena y la lanzó con toda su fuerza hacia el perverso mar, la piedra fue devorada con ansiedad por la oscura masa de agua, hambrienta siempre. Parecía que nunca nada era suficiente, el mar buscaba destruir todo aquello que en la tierra se encontraba y Sol por eso lo despreciaba.
El dolor de su alma ya era insoportable, era un peso tan enorme que su corazón apenas tenía fuerza para latir. La lluvia continuaba cayendo sin descanso, humedeciendo su cuerpo, su cabello negro, sus manos, su llanto. Cayó de rodillas sobre la arena y gritó con toda la tristeza del amor palpitando en su espíritu. Gritó el nombre de su amante, su pasión, su soledad. Y a pesar de todo lo que odiaba al ladrón, quería entregarse a él para destruir hasta el último suspiro de vida, si lo que cada día soportaba podía llamarse así.


Su angustia era tan desgarradora que hasta el mar se conmovió y decidió quitarse su falsa máscara de maldad para demostrarle a Sol la compasión que en verdad habitaba en él.
En medio de su desesperación y la tormenta, un pequeño remolino de agua hizo su aparición. Tres hermosas sirenas surgieron de él y comenzaron a entonar la canción más encantadora que Sol había escuchado. Intrigada y temerosa por la misteriosa aparición, decidió acercarse un poco más a las criaturas.
-¿Qué están haciendo aquí?- preguntó Sol, con la voz temblorosa.
-Tu amor es tan poderoso que hemos sentido tu tristeza desde lo más profundo de nuestro hogar- contestó la sirena de cabellos azules.
- Nuestro padre nos ha enviado para ahogar esa soledad- dijo la sirena de cabellos verdes.
- ¡Ustedes no pueden hacer nada! El despiadado mar ha asesinado a quien más amaba, lo llevó a su reino, probablemente para hacerlo parte de su colección de pobres desgraciados que han sucumbido ante su gran poder- vociferó Sol, con las pocas fuerzas que le quedaban.
- Quien amabas está bien, nuestro padre lo ha rescatado de su nefasto destino- dijo enérgicamente la sirena de cabellos violetas.
- ¿Por qué habría de creerles a ustedes, hechiceras hermosas, discípulas del asesino? Si siempre con su canto ciegan a los hombres conduciéndolos a una muerte segura.
- Estás equivocada, nosotras no hacemos eso, Sol.



Sol se alejó de la orilla aterrorizada.
-¿Cómo es que saben mi nombre?
Antes de que las sirenas respondieran, un nuevo remolino nació del mar y él hizo su aparición.
- Lo saben por mí, amor- dijo Eduardo con una sonrisa tan encantadora que hacía brillar sus labios.
Sol no podía darle crédito a sus ojos, estaba lista para sumergirse en el mar sin pensarlo un segundo e ir con su amante, pero pronto las dudas se apoderaron de ella y se retiró de la orilla aún más.
- ¿En verdad eres tú, cariño, o simplemente una visión que estos monstruos sin compasión han creado para engañarme como lo hacen con los marineros?
- Alma mía, sabes que soy yo. Aquel día cuando nadaba por el plácido mar, fui demasiado lejos y mi débil cuerpo de humano sucumbió, hundiéndose en estas increíbles profundidades. De pronto, estos hermosos seres estaban a mi alrededor y me explicaron que el mar me amaba demasiado como para destruirme. Sabía que mi amor hacia él era sincero y por siempre haberle demostrado mi respeto en vida, decidió hacerme parte de él, convirtiéndome en su hijo. Esta noche de tormenta, su corazón se ha conmovido ante tu sufrimiento y ha decidido entregarte la oportunidad que a mí me ha concedido.
- ¿Quieres decir que...?
- Que puedes convertirte en una sirena y nadar conmigo por toda la eternidad si así lo deseas.
Sol no sabía si creer todo aquello, pero la mirada de Eduardo era tan sincera como siempre y si él se había convertido en un tritón por decisión del destino, ¿por qué ella no seguía la misma suerte? Sol siempre lo había amado y lo único que en verdad importaba era que estuvieran juntos, si convertirse en otro ser la ayudaba a cumplir su deseo, nada malo en ello había. Y si todo era una mentira, ¿qué importaba? Si de todas maneras esa noche tenía como meta quitarse lo poco de vida que le restaba.
- De acuerdo amor, has lo que debas, lo único que me interesa es estar a tu lado, porque desde que te has ido mi vida se ha tornado en un infierno sin sentido y en llanto me he sepultado. Siento que mi espíritu yace muerto en este cuerpo que te pertenece.
Eduardo le tendió su mano y ella se adentró en el mar. Besó a su amado con toda la pasión contenida hacía tanto tiempo y se entregó a él con ilusión. Permitió que él y las sirenas hundieran suavemente su rostro en el agua glacial.



Pequeñas burbujas escaparon de su boca y su nariz, era el aire que se alejaba de ella, ese aire que contaminaba con atormentada vitalidad su ser. Cerró sus ojos, invitando a la muerte a poseerla, no luchó, el agua en su cuerpo se adentró, la ahogó. Pero antes de que su alma se escapara presta, su antigua silueta se transformó por completo y en lugar de piernas, una cola dorada tomaba su lugar. Sol abrió los ojos con fuerza y emergió del agua, llenando sus pulmones del aire que ahora ya no necesitaba.
- Estás tan hermosa, ahora serás mía y nunca te apartarás de mi lado.
- Te amo, Eduardo- dijo entre lágrimas de emoción.
Contempló a las sirenas y entre su enorme alegría, les agradeció efusivamente.
- No es a nosotras a quien le debes tus gracias, sino a nuestro padre, quien ahora es el tuyo.
- Es el renacer para ti, espero que en esta nueva vida seas más feliz de lo que en antaño fuiste- dijo la sirena de cabellos violetas, sonriéndole afectuosamente a su nueva hermana.
- Gracias mar, gracias sirenas, gracias mi amor por esperarme.
Eduardo y Sol enlazaron sus manos y se sumergieron en el amoroso mar que ahora los acogía. Nadaron con toda la fuerza del amor impulsando sus espíritus y sintieron paz. El sufrimiento había muerto, el destino había sido reescrito y ahora podían disfrutar del maravilloso regalo que el mar en su piedad les otorgó.

domingo, 2 de noviembre de 2008

LA SIRENA, de Alberto Pellitero

Alberto Pellitero es el autor de la poesía que figura a continuación y de tantas otras como El Bosque de los Sueños, la cual ya había publicado con anterioridad.
Es un joven madrileño, de 24 años de edad, a quien estoy teniendo el gusto de conocer, y a su vez el privilegio de poder mostrar algunas de sus obras en mi blog.


Ayer tuve un sueño,

donde estaba en un mar,

y un dulce canto,

me hizo despertar.

Al abrir los ojos,

pude admirar,

a la mujer más bella,

que nunca pude imaginar.


Su pelo era moreno,

como el más negro carbón,

sus ojos eran azules,

los más bellos pensé yo.

Su voz era poesía,

sus labios un primor,

su cuerpo una delicia,

sus manos seda son.


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Era una sirena,

la más bella flor,

de un jardín de flores,

que me pinchó el corazón.

Allí me quede dormido,

no quise despertar,

era el más bello sueño,

que nunca pude imaginar.

© Copyright

domingo, 29 de junio de 2008

CUENTO DE UNA SIRENA. De Rodolfo Dada

Hace muchos, muchos años,

me hice amigo de una sirena.

Tenía el pelo de coral y sólo conocía

la lengua de las algas.



Ella me invitó a su casa.

Compré un traje de buzo

y descendimos las corrientes del mar.

Su casa era una cueva entre acantilados.

Tenía una cama de piedra,

una estufa de aguas turbulentas

y la campana de un naufragio.

Hice amistad con pulpos y medusas,

y conversaba con los peces

mientras ella regresaba

después de cantarle a los marinos,

y de la mano recorríamos

los jardines del mar.
Pero un día se me acabó el aire,

-¡Me ahogo! -le dije

Salí a la superficie.

Nos abrazamos con tristeza.

No podía vivir más en su cueva.


Ahora, cuando escucho el canto de sirenas

en medio de la noche,

saco un remo y navego hasta su isla.

lunes, 30 de julio de 2007

LAS SIRENAS

Aquello que más caracteriza a las sirenas es su voz melodiosa, dotada de grandes poderes de seducción que los navegantes no podían resistirse a seguir, a pesar de que les condujera a la muerte.
Se recuerdan como seres graciosos, juguetones e incluso amorosos.
La visión de una sirena solía interpretarse como un signo de desastre o de muerte.

IMAGENES DE SIRENAS. Pincha sobre ellas para verlas más grandes y guardarlas
















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